miércoles, febrero 20, 2013

PASIÓN...

En mi última entrada escribía sobre la intensidad, hoy me toca sobre la pasión, como emoción, en casi todos los índoles de la vida. Según la tan traída y llevada Wikipedia la pasión es una emoción definida como un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto. La pasión es una emoción intensa que engloba el entusiasmo o deseo por algo. El término también se aplica a menudo a un vivo interés o admiración por una propuesta, causa, actividad, etc. Normalmente se dice que a una persona le apasiona algo cuando establece una fuerte afinidad con ello, a diferencia del amor que está más bien relacionado con el afecto y el apego. Incluso se atreve a decir que, en un sentido moderno, la pasión es una inclinación exclusiva hacia un objeto, un estado afectivo duradero y violento en el cual se produce un desequilibrio psicológico (el objeto de la pasión ocupa excesivamente el espíritu).
Entre otras muchas frases relacionadas con la pasión hay algunas que no tienen autor atribuido y que son, por viejas, muy ciertas. El amor es difícil de encontrar, la pasión es algo fácil de llegar... por ejemplo, o la pasión es aquello que deseas sin necesidad de amarlo, que también es muy cierto. Voltaire, filósofo y escritor francés, dijo con mucho conocimiento que para alcanzar nuestros propósitos es mejor que nos dirijamos a la pasión de los hombres, que a no a su razón. Yo, que no pretendo competir con Voltaire ni mucho menos, interpreto a la pasión como una forma de entender la vida y en eso abarca desde las más estrechas relaciones personales como la minucias más pequeñas que no significan nada para la gran mayoría. Soy una persona tan apasionada con las cosas que hago que hasta me muerdo las uñas con verdadero apasionamiento y eso, sin ninguna duda, no es nada bueno, ni por lo malo que es para la salud de las personas ni por aquello del origen ansioso de esa manía. Ni estético tampoco, yo siempre he sentido envidia sana a los que tienen las manos perfectas. 
Creo, de verdad, que si no haces las cosas con pasión es harto difícil que salgan muy bien. Pueden salir bien porque uno termina siendo dueño de sus costumbres y sus actos e incluso hay cosas que salen de forma mecánica, pero esas que salen bien si encima les pones algo de pasión saldrán mucho mejor. En mi caso siempre he intentado hacer las cosas con la pasión que se requiere, aunque tengo que confesar que no siempre lo he conseguido. Mi vida y su interrelación entre las personas, los deseos, las cosas y el baloncesto, esto último en gran medida, siempre ha tenido un componente muy alto de pasión que algunas veces trato de ocultar para que nadie pueda pensar que estoy más para allá que para acá.
La pasión que tengo y he tenido por los míos, familia y amigos, creo que está fuera de dudas, aunque si las hubiese tampoco me preocuparía lo más mínimo, pues esa inclinación es muy mía tampoco tiene que ser compartida por unos y otros.
El baloncesto, por lo que significa y ha significado, es otro aspecto de mi vida donde he derrochado pasión en cada instante. El otro día en la comida con los padres de mi última selección cadete autonómica  se comentaba, en ese rato de sobremesa, que algunos de ellos echaban mucho de menos la posible implicación del máximo dirigente técnico de un club, sea cual sea y sin entrar en más detalles, en el trabajo con los más pequeños de las categorías inferiores. Este tema es recurrente durante años y temporadas, siendo difícil de analizar y comprender por los implicados en el mismo.
En mi caso, cuando he tenido la suerte de ser entrenador profesional al nivel que sea desde ACB hasta liga EBA pasando por la LEB, no soy el prototipo de entrenar al primer equipo y no hacer el más mínimo caso al resto. En esa conversación salió, por ejemplo, que la última temporada que entrené Leb Oro con el CB Murcia, la 2002/2003, además de ser Campeón de la categoría y ascender a la liga ACB, también entrenaba al equipo cadete A (nacidos en 1987 y 1988) del club con el que quedamos campeones autonómicos y jugamos un excelente sector en Lorca frente a equipos como el Joventut o el Estudiantes
Y recordaba que nos jugábamos el corte de cuartos de final de ascenso frente al Lobos Cantabria en los partidos de casa de una serie reñidísima, ganamos 3 a 2, al mismo tiempo los cadetes jugaban el sector en Lorca por la mañana y allí, tanto Quini García, que ejercía como entrenador ayudante, como yo, estuvimos al pie del cañón con los cadetes. Alguno podrán decir que en aquel equipo cadete jugaba mi hijo, es verdad, pero también puedo decir este tipo de cosas ya lo había hecho antes en el club y mi hijo todavía era muy pequeño para botar el balón, aunque ya lo intentaba.
De todas formas a día de hoy y con la que está cayendo entiendo perfectamente que el entrenador que desarrolla un papel profesional se entregue 100% al mismo, la situación no está para permitirse ciertos lujos asiáticos, lo de entrenar un buen equipo de chavales es casi más que un lujo asiático, y deben estar muy centrados en sus trabajos que hoy en día está la situación muy mala en este terreno como para perder un puesto como entrenador profesional. En Murcia hoy, por ejemplo, tienen suerte en contar con Oscar Quintana, pues él ha vivido esta situación que yo comentaba anteriormente en Fuenlabrada, me refiero a estar en muchos frentes dentro del club, y lo se porque lo he hablado con él que sigue muy de cerca el trabajo de los más jóvenes aquí, incluidos los del primer equipo que ya son unos cuantos.
Cuando por razones deportivas he tenido que dejar de entrenar a nivel profesional, en la Primera B de antes o en la ACB de ahora, cuando he dejado el equipo he pasado a entrenar un equipo junior o el que el club decidiese, en Tenerife o en Murcia, porque esa es mi vida y mi pasión y siempre he antepuesto esa pasión por lo que entraña, a otros argumentos mucho más razonables y eso lo he hecho con veintitantos años o con casi cincuenta, la edad no ha sido en ningún caso un problema para hacer y disfrutar de lo que más me gusta, con sus ratos buenos y sus momentos malos, que también han existido.
La pasión en nuestras acciones no tienen porque estar demostrándose en cada momento, creo que muchas veces solo con el tono de la voz, el brillo de los ojos o lo que dicen los gestos, es suficiente para los que nos rodean sepan que eso que hacemos lo realizamos con todo el apasionamiento posible y para eso tampoco hace falta hacer un "numerito" de circo en cada una de nuestras acciones, vender humo o pasar en el tiempo como un simple "quedabien". En más de 40 años ligados al baloncesto, los primeros como mediocre jugador de categorías de base y el resto como entrenador, he conocido muchos artistas de película con amplios repertorios verbales y gestuales para venderse a los que tienen más cerca, a estos últimos se les suele cazar con mucha facilidad el primer o segundo renuncio.
Esa pasión, junto a otras cosas mucho más profundas, es la que he puesto en la relación de pareja en mi matrimonio, con mi hijo, con mi familia y con mis amigos, que saben que ni siquiera tienen que buscarme porque trato de saber de ellos siempre para poder vivir con esa pasión que me caracteriza esa relación, aunque siempre no lo consiga y pueda fallar en cosas y casos que no por ser banales no tienen porque ser importantes en ese trato con ellos. 
Esa pasión muchas veces suele ser recíproca pues no se me ocurren muchos otros argumentos para aguantar una relación, con sus subidas y sus bajadas, durante tanto tiempo. Una pasión que hemos compartido en casa desde el primer día y que nos ha ayudado a que esa  sensación creciera cada día.
Termino con música, con una de las canciones que más me ha gustado de siempre. Es Pasión Vega, quien mejor que ella para terminar esta entrada, con Ana Belén y El Hombre Del Piano, un tema que popularizó Billy Joel y que suena también en esta versión en español como en la original en inglés.

1 comentario:

Javier Alcolea dijo...

Sencillamente sensacional esta entrada.