martes, abril 28, 2026

MONCHO SIEMPRE EN EL RECUERDO...

Siempre es difícil hablar o escribir cuando un amigo, con el que has compartido muchas vivencias desde muy joven, en mi caso, toma el camino definitivo, que todos, cada uno en su momento, tiene que coger. Conocí a Moncho, curiosamente era José Manuel y había nacido en Medina del Campo, provincia de Valladolid, pero muy pronto se adaptó a la vida en el País Vasco, tras pasar por otros sitios, y allí, ya era Moncho para todos. Como escribía hace un momento, conocí a Moncho siendo yo muy joven y él un poco mayor que yo, pues empecé a ver a mi RC Náutico de Tenerife en aquella Liga Española de Baloncesto, que luego, incluso llegué a entrenar, muy pronto. Moncho ya era una figura del baloncesto español, internacional y ya había ganado todo lo que se podía ganar con el Real Madrid de mediados de los sesenta, luego las lesiones y tras su paso por el KAS se retiró para convertirse en entrenador. 
Yo también empecé a entrenar muy pronto, ustedes me van a permitir esta licencia, y conocí a Moncho en Tenerife, le encantaba Tenerife y mi relación con José Carlos Hernández Rizo, me abrió la posibilidad de estar muy cerca de Moncho, luego en el I Congreso Mundial de Entrenadores de Baloncesto que se celebró en el Puerto de la Cruz en 1981, yo tenía 20 años, y él unos pocos más, allí coincidimos y convivimos de pleno. La AEEB, entonces, puso en manos de Moncho, la recogida de apuntes de los ponentes, y yo, era uno, de los entrenadores tinerfeños, que hicimos aquel trabajo cogiendo gráficos y textos. 
Era tanta la pasión por el baloncesto que emanaba Moncho en cada instante que era fácil quedarte enganchado con él, oírlo hablar de baloncesto era como una droga que él te enganchaba con suma facilidad. Justo tras ese congreso en Tenerife, me fui a Málaga a sacarme el Título Nacional de Entrenador de Baloncesto y de nuevo volví a coincidir con Moncho, pues él era uno de los responsables de aquel curso, donde estuvimos muchos entrenadores que luego tuvieron gran relación con él. Luego la vida, el baloncesto y el destino nos unió muchas más veces.

No quiero aburrirlos con mil y una anécdotas que viví con él, primero que nada como buen amigo, luego como segundo entrenador suyo en el Tenerife B, temporada 1986/1987, la misma temporada que terminé en Murcia como entrenador,  y luego, un poco más adelante, yo cómo entrenador y él como Director Deportivo de aquel Juver Murcia que debutaba en la liga ACB en la temporada 1990/1991, su fichaje se fraguó tras nuestro ascenso y la decisión del entonces presidente y propietario, además de mi suegro, Juan Valverde.  

Juan decidió profesionalizar un poco más la estructura del club y con el apoyo de su vicepresidente, el gomero Chano Méndez, convencieron a Moncho para venir a Murcia. Moncho se afincó en Murcia, se casó, como yo, con una murciana y su vida nómada de entrenador siempre tuvo el punto de salida y regreso en esta tierra. Su buen amigo Chano Méndez siguió siendo un amigo leal e incluso lo seguía y acompañaba en muchos de sus viajes para ver baloncesto. Desde aquí un abrazo muy fuerte para Chano que compartía hasta hace unos días muchas mañanas de tertulia con Moncho.
Moncho era todo pasión y amor al baloncesto y aunque en los últimos tiempos estaba algo desencantado con la evolución del mismo, no podía remediar sentir ese demonio que le corría por las venas en forma de balón de baloncesto. Mucha gente cuenta mil y una anécdotas de Moncho, algunas las cuentan de oído y otros, los menos, las hemos vivido en primera persona, con la fuerza y la emoción con las que vivía Moncho las cosas. 
Viajes, fichajes, americanos, comidas, tertulias, clinics, partidos en el mismo banquillo, partidos como rivales e, incluso, partidos como aficionados. Solo espero que esa pasión que demostraba cuando entrenaba, aprendí muchísimas cosas con él, y como él lo sabía, muchas buenas y algunas no tan buenas, su especial enamoramiento con nuestro juego también le jugó alguna mala pasada. La última, hace ya unos años, entrenaba al junior del UCAM en un torneo de pretemporada, en el mes de septiembre de 2012 y con 67 años cumplidos, en el Colegio Aristos de Madrid, y sufrió un infarto en toda regla del que se salvó por la rápida intervención médica.
Podría contar mil cosas pero prefiero despedirme  como se merece, le encantaba la buena música y hasta llevó un programa de radio en Tenerife donde mezclaba música y baloncesto. Estoy seguro que está con los más buenos, no merece menos, y pronto volverá a hablar de baloncesto con muchísima gente del baloncesto que conocía, no solo en España, sino en muchos rincones del mundo que como él, han terminado su periplo en esta vida, como por ejemplo, el alero brasileño Oscar Schmidt Bezerra, "Mano Santa", que fue jugador suyo en el Forum Valladolid y que también se fue hace unos días, con la misma edad que Moncho. 

También tuve alguna diferencia con él, era casi lógico teniendo en cuenta con la pasión que vivíamos este deporte, pero siempre imperó el respeto entre nosotros y mi admiración por él. Un abrazo muy fuerte para su familia, todos sus amigos del baloncesto y fuera de él. La canción con la que termino, si mal no recuerdo, era la banda sonora de aquel programa radiofónico, Bob Seger & The Silver Bullet Band y su clásico "Againts the wind", que era toda una declaración de intenciones...un poco de algo contra el viento, me encontré buscando refugio contra el viento...

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